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La pequeña pantalla, de 'fashion victim' PDF Imprimir E-mail

La moda ha dejado de ser un elemento secundario para la televisión y se ha convertido en una herramienta multiusos: vende tendencias y hasta contextualiza a los personajes.

Santiago Gimeno

La relación entre televisión y moda siempre ha sido muy estrecha. El idilio, sin embargo, se había centrado más en el mundo de la publicidad; al menos en el pasado. Con la llegada de la sociedad de masas, el consumismo y la imposición lógica del márketing, marcas y diseñadores fueron cada vez más conscientes del poder de la pequeña pantalla para  imponer tendencias.

 Que el reciente estreno del filme Sexo en Nueva York, basado en la popular serie de HBO, será todo un éxito es un secreto a voces. Pero también hay que aceptar sin discusiones su condición de pasarela de la moda. Gucci, Prada o Louis Vuitton se “pasean” a lo largo de la esperada adaptación cinematográfica, e incluso la histórica diseñadora británica Vivienne Westwood firma un vestido para Carrie Bradshaw, la protagonista.

 La mercantilización televisiva de la moda ha alcanzado cotas tan altas que hasta ya existe la posibilidad de comprar las vestimentas de los personajes de nuestras series favoritas —starbrand.tv es una de ellas, pero hay muchas más—,  Gossip girl y The OC, entre otras.

El efecto bumerán

Pero la moda en televisión no siempre se limita a cumplir fines comerciales. Es un elegante modo de aportar verosimilitud a los personajes, y hasta de contextualizarlos en una época determinada. Es lo que ocurre, por ejemplo, con la galardonada con un Globo de Oro Mad men —que emite Canal + en España—, donde el vestuario, como si fuera un elemento de atrezo más, define la clase social y hasta las aspiraciones laborales de cada uno de los trabajadores de una agencia de publicidad americana en los 60.

 El esperpento que nos vemos obligados a cambiar cada seis meses (la moda), según dijo Oscar Wilde, también actúa como bumerán y se vuelve contra la televisión. No es extraño volver a ver una serie de principios de los 90 —por poner una fecha aún cercana— y afirmar sin tapujos que “ha envejecido mal”. Haga la prueba y vuelva a ver las primeras temporadas de Friends. Se sorprenderá con algunos peinados (eche un vistazo a la fotografía de arriba) y hasta querrá desempolvar las hombreras, un síntoma más de que la moda se recicla y de que la televisión es una fashion victim.

    
 
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