TDT ¿y ahora qué?

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TDT ¿y ahora qué?


Como todo en la vida, las cosas casi nunca son del todo buenas o del todo malas, y la verdad suele estar en los matices. Quiero decir que ni todo durante este curso ha sido negativo, ni tampoco lo sucedido es como para confiar en la bondad ininterrumpida.

Comencemos por la TDT. Se ha renovado el parque de televisores en la mayor parte de los hogares. Y ello, justo cuando la crisis económica dejaba en la calle a millones de trabajadores que veían así disminuir sus ingresos. Por tanto, una primera conclusión es la inexactitud de esa idea escuchada con cierta frecuencia entre bastantes personas: "Yo apenas veo la televisión porque no me gusta". Pues yo diría que no se nota. Con crisis y gasto adicional para adaptarse a la TDT, el consumo medio diario de televisión por hogar sigue al alza: más de tres horas. La televisión goza de buena salud. Al menos, en audiencia.

La calidad
En cambio, es cierto que no se observa una mejoría en la calidad de los productos audiovisuales. De ver una docena de canales -según la zona del territorio- hemos pasado a sintonizar casi 40. Siendo una ventaja la posibilidad de elegir -no sin esfuerzo técnico- entre una oferta tan amplia, la principal novedad se limita a disponer de varias  televisiones privadas más, eso sí, muy singularizadas ideológicamente.

Aportación estimable, pero que deja indemne la ínfima calidad de los productos estrella: las series de ficción y de entretenimiento, la información y el debate. Si exceptuamos algunas "telemovies" (como las de Antena-3 y el  informativo La noche en 24 horas, ambos premiados por ATR), los reyes de la audiencia siguen siendo los programas telebasura, las series de alumnos quinceañeros representados por mujeres y hombres de 25 y una catarata de guiones con todos los tópicos del llamado pensamiento débil, la emotividad y lo políticamente correcto.

Es decir, también con la TDT, en la mayor parte de la programación se echa en falta un diálogo de ideas capaz de discernir y evaluar quien gana en la solución a los problemas humanos y sociales cuando principios y valores sociales compartidos son puestos en tela de juicio. Nuestra Agrupación ha hecho un gran esfuerzo para encontrar en 2010 media docena de cosas bien hechas. Pueden verlas en esta misma web. Mi impresión es que la TDT nos ha dejado más definición de imagen, más color y más canales, algunos de los cuales van rebotando temas en redifusión.

Protección de menores
Por lo que respecta a la Ley General Audiovisual, el avance en la protección de los menores de edad es evidente. Se ha prohibido la emisión de pornografía y violencia gratuita en abierto, han sido legalizadas las franjas de protección reforzada para los niños y RTVE, en un gesto que honra a la televisión estatal, ha decidido trasladar ese criterio protector a las tardes de fines de semana y festivos. ¿Lo imitará alguna privada? Sería bueno para todos.

Aunque dicho esto, el cumplimiento de la ley es todavía un proyecto. La sanción por incumplir estas medidas se halla pendiente de que se ponga en marcha el Consejo Estatal de Medios Audiovisuales (CEMA). Han transcurrido tres meses desde que la norma entró en vigor y el Gobierno no ha movido un dedo al respecto. Peor aún, Telecinco lleva todo ese tiempo emitiendo entre cinco y ocho de la tarde una programación seriamente perjudicial para los menores de edad, sin que la Administración -en este caso el Ministerio de Industria- haya exigido obediencia a la ley.

Consejo Audiovisual
Al espectador debe interesarle el desarrollo inmediato de esta ley para que el CEMA sea una realidad lo más pronto posible. Por deficiente que sea su funcionamiento, el usuario debe saber que este Consejo Audiovisual es la autoridad competente en la protección de los menores de edad frente a los contenidos inadecuados de las televisiones, además del garante de los derechos del ciudadano en el terreno de los Medios, el responsable de que se pongan en marcha las medidas para lograr la alfabetización mediática de los consumidores y la plataforma que ha de aceptar la representación de las asociaciones de usuarios de la televisión, entre otras muchas cosas.

Por no extenderme más, la puesta en marcha del Consejo Estatal de Medios Audiovisuales y las condiciones exigibles a las asociaciones de usuarios para optar a entrar en el Comité Consultivo de dicho Consejo, es la ocasión de movilizar a los espectadores de televisión más conscientes para que tomen parte en este proceso. Un modo es unirse a alguna de las asociaciones que intentan llevar sus inquietudes a los centros donde se adoptan decisiones que luego todos vamos a disfrutar o a sufrir.

ATR trabajaba para exigir derechos ciudadanos, no para proteger a una minoría con un determinado modo de pensar diferente al de la mayoría, por ejemplo. No sería conveniente exigir respeto para concepciones del mundo minoritarias, sino plantear como un derecho la posibilidad de hacerse oir ante quienes, finalmente, deciden lo que vamos a ver en la pantalla de la televisión y a qué hora.