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“Hablar en la actualidad de marcar límites a las televisiones resulta como poner puertas al campo. Parece imposible. En este aspecto es un fenómeno similar al de Internet. Las televisiones creo que se juegan, incluso, mucho más.
Es un negocio que mueve grandes sumas de dinero y de intereses. Programas sensacionalistas, donde intervienen esos famosos, entrecomillados, que venden exclusivas tan millonarias como inanes. Personas encumbradas a la popularidad por revelar intimidades, atacar verbalmente a algún otro famoso o presentar imágenes comprometedoras. En ocasiones, resulta más ventajoso abonar una multa por atentar contra el derecho al honor de una persona que frenar una lengua viperina que nutre audiencia y, por ende, publicidad.
Elogio a la ética
Los premios de hoy ensalzan la ética y la solidaridad en la programación, promueven el respeto a horarios infantiles.
En los programas informativos las cosas no están mucho mejor. Si el show se ha impuesto en los programas de variedades, la información se ha teatralizado.
Tal vez marcados por la crisis o por unos empresarios de la comunicación menos responsables se ha impuesto el objetivo de hacer caja a costa de casi todo.
En medio de la depresión económica y la revolución tecnológica de los medios de comunicación, seguramente la crisis menos coyuntural es la ética.
Hacemos información espectáculo y confundimos los géneros periodísticos: mezclamos información y opinión y la publicidad está en boca del propio comunicador.
La vacuidad, la tensión o el escándalo morboso crece en los medios al tiempo que disminuye nuestra autoridad y nuestro reconocimiento ciudadano.
Imagen del periodista
Porque la imagen del periodista ha decaído ante la sociedad. Nuestros niveles de aceptación están bajo mínimos, eso sí detrás de los políticos.
Cabe preguntarnos si no estamos malgastando el poder de la información y de la comunicación en la transformación de la sociedad.
Los medios de comunicación nos permiten forjar una sociedad más libre y democrática: desvelar abusos y corrupciones, hacer autocrítica social, normalizar el mundo de la discapacidad, o integrar al inmigrante en la sociedad. Dar voz a quien no tiene acceso a los medios de comunicación.
Estos galardones han premiado calidad, humanidad y ética. Algunos de estos programas muestran ejemplos de superación, fundamental para eliminar barreras físicas y mentales en nuestra convivencia. Otros divierten sin ofensas y nos ayudan a enfrentar la jornada con mejor ánimo. Algunos informan sin pretender convertirse en un circo.
Seguramente la crisis ha influido de manera determinante en la situación de paro y precariedad laboral que sufre con especial virulencia la profesión periodística.
Calidad y rigor
La búsqueda de resultados rápidos y a cualquier precio esta reñida con la calidad, el rigor y, especialmente con la ética en el tratamiento de la información.
La verdad y las fuentes pierden fuerza y con ellas cae nuestro prestigio ante la sociedad y ante nosotros mismos.
Al tiempo que los políticos toman posiciones: así tenemos las ruedas de prensa sin preguntas, el envío de imágenes enlatadas, con trabas de acceso a puntos de información o la imposición de bloques electorales también en las televisiones privadas.
La responsabilidad empresarial es enorme. También los periodistas somos culpables de la mala praxis, atrapados por la crisis hemos caído en la trampa de apearnos de la ética.
Las televisiones tienden a subcontratar no solo productos de entretenimiento, sino también informativos. Ocurre con las cadenas privadas y se ha extendido entre las autonómicas.
Estas productoras ofrecen, en general, peores condiciones profesionales y laborales. Un hecho que incide negativamente en la calidad de los contenidos. Y constituyen el ingrediente básico para la supervivencia no sólo de un medio de comunicación, sino del periodismo. Calidad y ética profesional son las aportaciones del periodista. Nosotros transformamos los hechos en noticia.
Sin estos elementos se resiente la salud democrática de un país, porque los periodistas somos las victimas de la crisis ética y de calidad, pero la gran perdedora es la sociedad.
Calidad y negocio La calidad no debe estar reñida con el negocio, sino todo lo contrario.
El sello de credibilidad, la marca y una gestión acertada y adaptada a las nuevas necesidades informativas genera estabilidad financiera.
El empresario ha buscado dinero fácil y rápido con pilares de barro como la ética que ha aplicado. Y la comunicación no es una industria cualquiera, posee unas dosis de servicio público que le confieren una responsabilidad diferente, debido a su enorme capacidad de influencia para transformar un país.
Tenemos ante nosotros ejemplos que nos hacen crecer profesionalmente.
Trabajos como los galardonados hoy humanizan y, en muchos casos, dan sentido a nuestro oficio. Algunos elevan el periodismo, promueven el crecimiento profesional también el de los medios de comunicación y de la propia sociedad porque nos reconcilian con nuestra misión de servicio p-público.
La FAPE tiene un código ético que asumen todas las asociaciones de la prensa de España y sus 20.000 asociados. Y la Comisión de Quejas y Deontología ha dictado numerosas resoluciones que están sentando una doctrina deontológica sólida.
Y es que, probablemente, el mayor enemigo del periodismo es la crisis ética. Un ejemplo es que el 68% de los encuestados –según revela el informe anual de la profesión periodística- reconoce abusar de las fuentes anónimas, y el 83% declara no contrastar lo suficiente la información.
La crisis ética ha depreciado nuestra imagen. Se ha devaluado el peso específico del periodista ante la sociedad y ante nuestras propias empresas. El CIS nos sitúa casi al nivel de los políticos...
Pobreza de contenidos
Los contenidos se han ido empobreciendo y aligerando paulatinamente. La prisa por una información instantánea y la escasa inversión no permiten indagar en un tema durante semanas. Ofrecemos más datos, pero menos información. Las televisiones se hallan inmersas en la psicosis de la audiencia minuto a minuto.
La presión que genera es una espada de Damocles que dificulta el asentamiento de programas y marca como único objetivo el éxito rápido y a costa de casi todo.
Se hace un periodismo de declaraciones, de políticos o de famosos y damos voz a quien tiene poco que decir. Las noticias de elaboración propia son escasas, mientras crece el recurso de copiar y pegar. El resultado: proliferación del rumor, contenidos sin contrastar y escasa originalidad.
Muchos debates no son más profesionales: se ha impuesto el espectáculo de la tensión, la posición política predeterminada y la polémica como negocio televisivo.
El reciente premio Nóbel, Vargas Llosa, afirma que la secuela de esta cultura del espectáculo es el protagonismo que han alcanzado los bufones. Asegura que desbarata las fronteras entre la verdad y la mentira, los valores morales, la naturaleza de las instituciones y la vida política. Y todos somos sus cómplices, concluye el escritor.
Responsabilidad
Es difícil ponerle freno y no limitar la libertad, de ahí que la clave sea, para empezar, la autorregulación de los medios. Y la ética una practica periodística en todos los soportes.
Javier Restrepo, de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano cree que si la Universidad solo enseña técnicas, el periodista sale sin armas para enfrentarse a un oficio que, para ser digno, precisa una gran reserva interior. Fundamentalmente, conciencia
Un cierto ejercicio de renovación puede reconducirnos a la senda de la calidad y de la ética. En toda la historia, ninguna sociedad tuvo tantos ciudadanos interesados por la información.
Enhorabuena a los premiados y a la Asociación de Telespectadores y Radioyentes que los otorga”.
Madrid, 31 de Mayo de 2011
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